TU, ¿TAMBIÉN ERES MENTALISTA?

La trampa de dar por supuesto

Funcionamos tan en piloto automático que en muchas ocasiones dejamos de lado algo tan básico como es comunicar.

Cuando queremos algo de los demás que nos sentaría bien (y da igual lo que sea: una caricia, un abrazo, mayor atención o apoyo, una mirada, una contestación, ayuda en un trabajo o compañía para ir a caminar,…) es frecuente que asumamos que nos lo van a dar porque «ya nos conocen».

No es raro escuchar:

«Ya sabe lo que necesito» ; «Siempre he sido así, tendría que saberlo»; «yo lo haría, asíque no es tan difícil darse cuenta».

Confiamos nuestras necesidades a los demás, cargándoles con una responsabilidad que no es de su competencia, y, en general, nos sentimos muy frustrad@s porque no «están a la altura» de lo que esperamos, de lo que nos gustaría o incluso de lo que creemos que nosotr@s haríamos.

Una gran parte de los enfados, distanciamientos o malestares del día a día en las relaciones humanas llegan por la falta de comunicación. A veces hay miedo a transmitir lo que necesitamos y/o a la reacción de la persona que tenemos enfrente; otras veces pasa porque exigimos que respondan de manera determinada haciendo eco de «si lo tengo que pedir ya no lo quiero» como decía Frida; a veces solo por dejadez…pero en todas las ocasiones el resultado se repite:

No estamos cómod@s y lo manifestamos con nuestro comportamiento, incluso creando situaciones tensas en las que el interlocutor no está comprendiendo de donde nace ese malestar.

Os voy a contar un secreto:

La magia de leer el pensamiento no existe.

Quizá estéis pensando que nos facilitaría la vida poder hacerlo, aunque también supondría excesivo peso tener que estar escuchando no solo a nuestra cabeza si no a la del resto, ¿no creéis?

Es por eso que existe la comunicación. Cada uno de nosotr@s nacemos y crecemos con cualidades y necesidades diferentes; estas diferencias nos hacen únic@s de modo que cada uno va aprendiendo (de forma más o menos clara) qué le conviene más en cada momento para sentirse bien. En el proceso de sentirnos bien, en ocasiones incluimos al círculo social en el que nos movemos, pero olvidamos que cada una de las personas que integran ese círculo experimenta en su interior su propio proceso y puede que coincida o no con el nuestro, pero las dos opciones son igualmente válidas y las dos partes tienen el mismo derecho de pedir, al igual que la capacidad de decidir si pueden dar o no.

Os animo a que dejéis de dar por sentado como tienen que reaccionar los demás, y estéis más observadores a vuestras emociones y a la transmisión de las mismas.

Si me enfado porque alguien no me ha dado lo que siento que necesito, antes de canalizar ese rebose de energía hacia el/la otro/a o antes de guardar el dolor, podemos analizar: «¿qué me está ocurriendo?, ¿he transmitido con claridad lo que necesito?» y si no es así, entonces comprenderás que nadie está obligad@ a cubrir lo que tu no has sido capaz de manifestar y podrás poner en marcha otras prácticas más sanas para equilibrar las relaciones y hacer de las mismas algo más armónico.

La magia está en la COMUNICACIÓN:)

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