¡EMOCIÓNATE!

¿Te das permiso para emocionarte? ¿Identificas tus emociones? ¿Crees que es posible comunicar sin emoción?

En el post anterior te comentaba que la comunicación es la magia que facilita el entendimiento y casi al final te hacía un guiño para que observases tus emociones, ¿recuerdas?

Y es que no se puede comunicar sin tener en cuenta la EMOCIÓN que subyace.

Tod@s sentimos emociones, aunque no tod@s las identificamos de la misma forma.

Existen emociones primarias y secundarias; las emociones primarias son las más básicas e instintivas; son de carácter innato y las que, normalmente, identificamos de forma más sencilla: alegría, sorpresa, tristeza, miedo, asco e ira.

Las emociones secundarias tienen una connotación de aprendizaje y en ellas influye el ambiente. Son un poco más complejas y por ello se hace más difícil reconocerlas. Estoy hablando de la culpa, la envidia, la vergüenza, el interés, los celos, el placer, el orgullo, etc.

Este segundo tipo de emociones son la combinación de las emociones primarias, pero no siempre nos damos cuenta de eso y por eso nos resulta más complejo descubrir de dónde provienen y para qué se presentan.

Las emociones surgen como reacción de nuestro organismo ante un estímulo externo o interno. Nuestro foco atencional de forma automática se activa y comenzamos a sentir. Podemos hacerlo de tres modos distintos:

  • Nivel cognitivo: pensamientos. 
  • Nivel fisiológico: reacción física.
  • Nivel motor: conducta, expresión.

A menudo escuchamos hablar de las emociones en términos negativos o positivos, como si existiesen las emociones buenas y/o malas, y nada más lejos de la realidad. 

Las emociones son funcionales. Todas. 

Si las emociones son la reacción a un estímulo, es sencillo darse cuenta de que, aunque a veces las percibimos como incómodas, son muy útiles y necesarias. Nos protegen, nos ayudan y nos hacen despertar la alerta. 

Son vitales, pero es imprescindible saber identificarlas correctamente para poder analizar qué mensaje nos intentan mandar.

Cuando estamos content@s y sonreímos, en pocas ocasiones nos hacen dudar de si será correcto el mostrarla o sentirla, pero cuando sentimos alguna otra con percepción más desagradable, como tristeza o enfado, tratamos de ocultarlas, evitarlas, etc…y nos hacemos daño tratando de luchar en su contra.

¡No te engañes, siempre ganan! y es importante que lo hagan.

Las emociones facilitan la adaptación social y, sobre todo, la regulación personal.

Te comento un ejemplo: cuando te sientes triste, puede que haya ocurrido algún acontecimiento que te duela, pero también es posible que estés agotad@ y la tristeza te esté avisando de que necesitas parar ya. 

¿Te das cuenta de la importancia?, ¿eres consciente de lo que puede ocurrir si no las atiendes o no las entiendes?

Si percibes que te resulta complicado lidiar con ellas, los profesionales de la psicología podemos ayudarte a canalizarlas y hacer una lectura adecuada.

Emociónate.

Ese sería uno de los mejores “consejos” que te podría dar como profesional y como persona.

Y si después de leerme crees que me necesitas no dudes en contactar. Estaré encantada de ayudarte.

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